viernes, 11 de octubre de 2013

XLVII

“Entonces, ¿estás segura?”

“Completamente”.

El inspector inspiró profundamente y terminó de abrocharse la gabardina. Afuera llovía con fuerza. Hacía ya casi cinco meses de la muerte del primer chico y el curso académico empezaba a tocar a su fin. Ese era el límite que se había marcado para resolver aquellos dos crímenes pues, con la llegada del verano, los muchachos se desperdigarían de vuelta a sus casas y cualquier pesquisa se complicaría sobremanera. Por eso resultaba fundamental concretar sus conjeturas, que hasta el momento no pasaban de meras intuiciones, con alguna evidencia de peso.

No es que la revelación que acababa de conocer fuera una prueba definitiva, pero de ser cierta, al menos le orientaba hacia un sujeto determinado sobre el que, desde su primer interrogatorio, ya había él centrado especial atención y que, de acuerdo a los más recientes informes, parecía comportarse cada vez de manera más recelosa y esquiva.

La joven se había presentado como amiga de la primera víctima y conocida de la segunda a través de una tercera persona a la que se había negado identificar al no estar ella al tanto de sus intenciones de declarar lo que, a su juicio, podía haber motivado la muerte de los dos estudiantes.

Andrés repasó los apuntes de su libreta cuando estuvo sentado en su coche al resguardo del incesante chaparrón que le procuraba cierta intimidad velando los cristales a torrentes de gotas desbocadas. “Novato….Medicina”, releyó los apuntes que escribió aquella tarde en presencia de Pablo mientras aquel chaval se esforzaba en disimular una inquietud terrible y de lo más sospechosa. Según ella, el chico andaba celoso de Antonio y también tenía pendencias con Romero. Con ambos le había visto de lo más soliviantado, enredado en discusiones y profiriendo amenazas que bien podía haber cumplido.

La testigo había dado muestras constantes de inquietud y, a buen seguro no hubiera resistido un interrogatorio en toda regla que, en cualquier caso, habría resultado innecesario sin verificar su más que dudosa fiabilidad. Con ese fin y deseando la total colaboración de la paciente, arrancó por fin y se incorporó al tráfico caótico de las calles del centro en dirección al Hospital Universitario.

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