jueves, 24 de marzo de 2016

Los zapatos del abuelo

Las túnicas negras desfilaban tan cerca que algunas le rozaban el rostro y mezclaban su tufo a naftalina con el aroma pesado de los cirios que se derretían del otro lado. Las sogas ajustaban cinturas de todos los calibres que se giraban nerviosas si la comitiva se detenía más de lo esperado; no en vano el frío de la noche despejada mortificaba a los penitentes tanto o más que la angustia de acompañar a Cristo en su camino al calvario. Las esquilas resonaban caprichosas sin el acoso de los tambores que guardaban silencio el miércoles de madrugada.

Aún de la mano de su padre, seguía evitando las miradas imponentes de los capuchones. Él prefería mirarles a los pies y reconocerle por los zapatos.

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