sábado, 5 de julio de 2014

Sin guión

Como la vida misma, imprevisible y caprichosa. Siete meses después de la última entrada y agitado aún por el zarandeo inclemente de avatares hasta ahora desconocidos, me dispongo a testar las constantes vitales de este blog y la capacidad o tal vez simplemente las intenciones de su autor por sacarlo adelante.

Echando la vista atrás pienso que quizás pecara de ingenuo cuando me declaré escritor profesional deseando, casi en secreto, poder dedicarme en exclusividad a esto. Nada más lejos de la realidad, que se mostró tajante y despiadada y que, a golpes, me colocó de nuevo en el lugar que, al parecer, me corresponde. A partir de entonces un silencio obcecado se me agarró a las palabras como una sentencia que acepté gustoso, casi aliviado, renegando de arrebatos creativos cualesquiera y ahuyentándome las musas a bofetadas que dolían mucho más por injustas que por certeras.

A fin de evitarme rubores innecesarios, opté así mismo por abandonar lecturas obsesivas con la esperanza de que personajes antiguos y recientes dejaran de asomarse a mis noches insomnes. Vano esfuerzo, pues aquellos cuyas andanzas concluyeron forman parte ya de mis frustradas personalidades y, dotados de virtudes de las que carezco, aún les reconozco del todo imprescindibles. Inútil también porque esos que quedaron abandonados siguen reclamando la vida que les adeudo.


Pero no sólo a ellos se debe este artículo (tal vez el más personal de cuantos he escrito), sino también a vosotros, treinta y uno declarados seguidores que habéis continuado releyéndome y a otros visitantes anónimos que os habéis asomado por aquí. A ninguno puedo prometeros el mismo ritmo creativo, ni siquiera la mitad del entusiasmo que me puso en marcha, pero a fe que continuaré improvisando (sin guión); que mejor ha de ser recapitular que volver a rendirse.

2 comentarios:

  1. Ahora que ya ha pasado el bache, José Félix Méndez, ¡¡¡adelante!!! No te aflijas más que todos los que amamos la literatura te entendemos, amigo mío.

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